De copiloto a piloto: mi primera vez al volante de un Mustang Dark Horse
Hay experiencias que una sabe que van a quedar grabadas para siempre, incluso antes de que terminen de suceder. La mía ocurrió en la pista de Velocittá, en Brasil, un lugar que ya de por sí impone respeto con sus curvas técnicas y sus rectas que invitan a soltar el acelerador sin miedo. Pero lo que la hizo inolvidable no fue solo el circuito: fue todo lo que representaba ese día.
Había viajado a Brasil como parte del equipo de Marketing regional de Ford, para acompañar la grabación de la campaña del nuevo Mustang Dark Horse. Era mi primera vez presente en un rodaje de este tipo para una campaña de producto, y la logística no podía ser más intensa: durante el día se desarrollaba el evento de lanzamiento oficial del auto, y apenas caía la noche, comenzaba el rodaje. Dos mundos —el del evento y el de la producción audiovisual— corriendo en paralelo, con el mismo protagonista: un Mustang Dark Horse que ese día no solo sería filmado, sino que, sin que yo lo supiera del todo, también me estaba esperando a mí.
Antes de subirme, hubo un momento que no esperaba que me marcara tanto: verlo en persona por primera vez. Hasta ese día, el Mustang Dark Horse había sido para mí fotos, videos, especificaciones en una pantalla. Pero tenerlo ahí, frente a mí, fue otra cosa completamente distinta. Me sorprendí con cada detalle: las líneas de la carrocería, el diseño agresivo pero preciso, cada acabado que de lejos una no termina de apreciar. Fue ese tipo de sorpresa que solo se da cuando lo real supera lo que una se había imaginado.
Todo comenzó como copiloto, al lado de un piloto profesional de Ford. Ahí entendí lo que significa realmente la palabra adrenalina. No es solo la velocidad —que ya de por sí es contundente—, sino la precisión con la que un piloto entrenado lee cada curva, cada frenada, cada punto de apoyo del auto en el asfalto. Sentada del lado del copiloto, con el cuerpo tensándose en cada giro y el corazón acelerado al ritmo del motor, entendí que estaba viviendo algo que pocas veces se repite: ver, en primera fila, lo que un Mustang Dark Horse es capaz de hacer en manos de alguien que lo domina por completo.
Lo que vino después fue, sinceramente, inesperado. El piloto me cedió el lugar y pasé del asiento del copiloto al volante, con él ahora dándome instrucciones en tiempo real. Ahí la adrenalina cambió de forma: ya no era solo sentirla, era generarla yo misma.
Recuerdo con total claridad la sensación de pisar el acelerador y sentir cómo el auto respondía llevándome de 0 a 100 en cuestión de segundos, ese empuje que te pega al asiento y te obliga a replantearte lo que hasta ese momento entendías por "rápido". Y después, llegar a las curvas y frenar en lo que para mí era el límite absoluto —ese punto justo antes de perder el control, donde la confianza en el auto y en las instrucciones que estaba recibiendo lo era todo—. No había margen para dudar: solo para escuchar, reaccionar y confiar.
Mirando hacia atrás, creo que lo que hizo esta experiencia tan particular fue justamente esa doble naturaleza del día: vivir el lanzamiento del Mustang Dark Horse como evento desde el lado de Marketing, y esa misma noche, ser parte del detrás de escena de su campaña, habiendo probado apenas horas antes lo que ese auto es capaz de hacer. No fue una simulación ni una idea abstracta de lo que representa el modelo: fue sentirlo en el cuerpo, en las manos sobre el volante, en el estómago apretado en cada curva.
Fue también en medio de ese rodaje, en algún momento entre toma y toma, que capturé una foto que hoy acompaña esta historia: una imagen tomada por mí misma ese mismo día, que de alguna manera guarda todo lo que sentí antes de saber que terminaría contándolo.
Verlo por primera vez me dejó sin palabras. Ir como copiloto me dio la emoción. Ir al volante me dio la historia. Y Velocittá, con su pista exigente y su ambiente cargado de motor, fue el escenario perfecto para que las tres se unieran en un mismo recuerdo que llevo conmigo cada vez que veo un Mustang Dark Horse pasar.